La relación tántrika favorece la objetividad, es incompatible con las hipocresías precisa de un contacto físico prolongado, cuerpo con cuerpo, energía con energía.

La sagrada energía kundalini, la manifestación de la polaridad femenina de la vida te envuelve enamorándote, haciéndote más y más perceptivo y consciente

La sexualidad yóguica, parte de la base, de que la energía que mueve la vida, puede ser aprovechada para estimular la evolución espiritual del Ser. Se trata de mantener el estímulo vital, fruto de la atracción entre los amantes, para explorar el interior sensitivo del ser humano, canalizando la energía hacia dentro y hacia arriba, ascendiendo por la columna vertebral y así alimentar el cerebro; también llevándola por los distintos centros vitales o chakras, a fin de regarlos y mantenerlos activos, produciendo una cierta expansión sensitiva, incrementando la excitación amorosa. Pero a la vez, apaciguando el descontrol físico. En la sexualidad ordinaria, los amantes pierden su fuerza tras el espasmo eyaculatorio, creen erróneamente que ese espasmo es algo positivo, pero interiormente su Ser les comunica que no es así, que están cometiendo un auténtico atentado contra sí mismo, desperdiciando la fuerza generadora de vida, en un acto de desenfreno vital. Tienen que reconocer, que lo placentero, es el contacto entre los amantes durante la excitación amorosa, no tras la flacidez eyaculatoria, por eso, en la relación tántrica se precisa de los dos amantes; la mujer que estimula con su magnetismo sexual la excitación y la erección del hombre.  Éste, sintiendo dentro de sí el impulso de atracción ( que no controla ,  ya que la fuerza estimuladora es de la mujer ), es sólamente un elemento pasivo de la fuerza magnética femenina. El hombre no es capaz de estimularse solo; necesita de la mujer. Ni la estimulación individual tiene  la calidad,  ni la fuerza, ni la continuidad que produce la hembra en el varón. Es como comparar una pila de un voltio y medio, con el estar conectado a la red eléctrica. El poder sexual es femenino, el hombre sólo es un elemento pasivo. En la sexualidad tántrika la que manda es la mujer; ella es la diosa que otorga sus favores, su don, su gracia; el hombre es tan sólo el instrumento de la mujer. Pero una vez que el hombre siente el poder viril dentro de sí, se transforma en un titán, inicialmente desbocado, tiene que hacer por calmar, por domesticar su impulso sexual, y para ello, necesita otra vez el favor de la mujer, que puede acercarlo dentro de ella, calmando y saciando su ansia amorosa, o condenándolo al caos rechazándolo; convirtiéndolo en una bestia descontrolada y agresiva.  La mayoría de los hombres, no saben controlar su excitación; aquí la mujer tiene que ser muy cuidadosa, porque el hombre, es como un pelele en manos de la fuerza magnética de la mujer; no pueden eludir su responsabilidad en el asunto, no pueden pretender atraer y rechazar de manera inconsciente; ellas tienen el fuego sagrado del amor,  son las vestales, las sacerdotisas de la vida, no pueden prender el fuego y luego desentenderse del asunto.

Si supiera la humanidad el poder transformador de su sexualidad armónica, este mundo iniciaría un proceso de mutación amorosa y consciente, como nunca hubiera imaginado, harían posible que el cielo descendiera a la tierra y la propia vida se transformaría, de hecho se convertirían en dioses, por increíble que parezca ese es el proyecto para este mundo, que venga a nosotros el reino de la divinidad. Pero es mucha la oscuridad, mucha la presión generada por el yo egoico y limitador. Pocos seres están dispuesto a ayudar en este proceso de transformación interior, están todavía apegados a sus percepciones limitadoras y neuróticas, prefieren el conflicto egoico conocido, que implicarse en un cambio consciente y personal hacia el Ser interior. Algunos anhelan este cambio, pero no están por la labor de forma practica. El sexo yoguico va en esta dirección en la de la transformación interior y en la transformación colectiva

la mujer lo excita y el hombre es el responsable de mantener la excitación, manteniendo la erección permanente sin eyacular. La mujer luego tiene que aprender también a alimentarse de la virilidad del hombre, absorbiendo dentro de sí, la potencia que el pene le ofrece; la vagina se convierte en un órgano de succión de energía masculina, es el cáliz de la alquimia energética, a través del cual se realiza el sacramento de la comunión con la divinidad, cuando lo que estaba separado forman uno solo otra vez. Dios, el Ser, vive en los amante, siendo arte y parte del festín amoroso; los tántrikos utilizan entonces la invocación: ham sa, ham so : yo y ella somos una misma cosa, yo y él somos una misma cosa. También equivale a decir yo y la energía somos una misma realidad, yo y la conciencia somos una misma realidad. Este mantran, se utiliza teniendo como base la propia respiración: ”  ham sa   ”   al inspirar,      ” ham so ” al expirar. Se puede recitar en silencio o se puede recitar con una respiración activa y vigorizante, la cual, incrementará la cantidad de fuerza vital en el organismo, al convertirse en un pranayama jadeante

  • Hay que recordar aquí, que en la relación del amor tántrico o yóguico, la unión sexual, no es con fulanito o fulanita, que merecen todo el respeto como personas, sino, que se realiza entre dos fuerzas universales; entre el hombre y la mujer sin personalismo. Es la unión del ying y del yang, de Shiva y Shakti.

  • Una sola persona tiene todas las características universales de su sexo. En una mujer están todas las mujeres. En un hombre están todos los hombres. No tiene sentido, la infidelidad en la alquimia sexual. Nuestra contraparte es él o la representante vital de todo su sexo genéricamente. Parece increíble, pero la sensación es esa

  • Esta es la razón del yoga sexual, crear conscientemente la comunión de los amantes, física, afectiva, energética y espiritualmente.

  • Se hace sexo con espíritu, sexo con alma, cuando se aúnan la mente y la respiración tanto en los preámbulos del coito como en el desarrollo de la relación íntima.”  Mente y respiración van unidas, se mueven juntas. El dominio de la mente es logrado por técnicas respiratorias. Ser concientes de la respiración es poner control sobre la mente y el semen. Cuando su emisión se controla a voluntad, el hombre se vuelve dueño de sí mismo, y el más apetecible de todos los amantes

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