Archive for 28 diciembre 2010

Mas allá de la luz

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Las emociones perturbadoras, fuentes de la sabiduría

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Los estados mentales difíciles de dominar, vistos en otras religiones o visiones del mundo como “pecaminosos” o “antisociales”, son utilizados por el Buda como un camino consciente para el desarrollo interno de sus estudiantes. Mediante una serie de métodos eficaces, que se vienen convirtiendo cada vez más en fuentes para la psicología y filosofía modernas, se transforman las emociones perturbadoras en las sabidurías que les son inherentes. Desde el nivel más alto de sus enseñanzas, el Camino del Diamante, uno aprovecha incluso el poder que subyace en ellas como combustible para la iluminación.

Aquí se muestra la inconmensurable multiplicidad de la mente. Las enseñanzas del Buda describen 84.000 estados de conciencia condicionados y velos de la mente que conducen a acciones y palabras torpes. Dichos estados aparecen mediante las diferentes combinaciones de cinco emociones perturbadoras principales: ignorancia, orgullo, apego, celos e ira. A veces se cuentan también seis emociones perturbadoras que producen los seis reinos de existencia, y en ese caso separan el apego y la avaricia.

El Buda aconseja un método de tres pasos para vencer a estos enemigos que, aunque imaginarios, son muy tenaces. Como base se desarrolla en el Camino Angosto una atención interior, de modo que uno se vuelva consciente desde la aparición misma de los estados difíciles. A partir de allí se evitan las condiciones que por experiencia ocasionan emociones perturbadoras, lo que impide los dramas. Esto nos proporciona un tiempo valioso y simplemente intercala un paseo cuando de otro modo uno hubiera perdido la visión.

Como segundo paso, uno entiende en el Gran Camino la esencia pasajera, condicionada y compuesta de toda emoción perturbadora. Cinco minutos antes no estaba ahí, y de acuerdo con la experiencia, cinco minutos más tarde habrá desaparecido de nuevo. No tendría sentido entonces seguir ahora a un sentimiento que está en constante cambio y comportarse de acuerdo con él. Mediante el conocimiento de que la vivencia de los no meditadores depende principalmente de su propio humor, uno puede ganar la libertad de crear su vida según su propio deseo. El que percibe correctamente una emoción perturbadora es como un científico que investiga y reconoce el patrón subyacente, y le retira cada vez más a esos estados su poder de convicción. También resulta muy útil comparar la propia situación vital con la de los demás. Así desaparece de inmediato toda autocompasión cuando uno se acuerda, por ejemplo, de cuántas personas viven y sufren en África. Con frecuencia pensamientos tales como: ¿Me gustaría cambiarme con él? o yo tengo que aguantarlo sólo por cinco minutos, pero él tiene que aguantarse a sí mismo todo el tiempo, pueden quitarle el aguijón a encuentros desagradables. Mediante esto puede uno, con mayor frecuencia cada vez, regalarles experiencias de retroalimentación compasivas a personas difíciles. Los budistas en general son conscientes del hecho de que los seres se comportan en forma equivocada más por ignorancia que por maldad. Puesto que con seguridad no es la primera vez que se encuentran (el “culpable” se ocasiona a sí mismo grandes daños para el futuro, mientras que su “víctima” suelta mal karma acumulado anteriormente) uno hace desde la compasión lo mejor para ambas partes y a más largo plazo.

Por lo tanto, en el Budismo se cuenta con la estupidez o confusión dentro de las emociones perturbadoras, siendo incluso la causa de todas las demás. Esto no resulta obvio de inmediato, pero si uno considera los resultados de esos velos mentales, se vuelve comprensible. Con frecuencia ocasiona uno sufrimientos indeseados a los demás, porque no pudo uno apreciar las consecuencias hasta el final. El que tantos seres humanos bien intencionados fallen en sus esfuerzos radica en su incapacidad para ver lo que realmente es. Cuando uno simplemente se relaja en el espacio, ve cómo la confusión se basó en la experiencia errónea de separación, y aparecen la inspiración y la claridad. Aún quien no entiende ni la física cuántica ni los 16 planos de vacío de todos los fenómenos que enseñó el Buda, experimenta mediante el centro ganado una transformación de la estupidez en madurez humana. De igual modo, quien no tiene tiempo o posibilidades para realizar largos estudios, no tiene por esto que renunciar a la riqueza de la vida. La mente trabaja en forma total y ágil, y con el Buda no se trata del número de libros leídos, sino simple y llanamente de la experiencia de vida. Entonces, si uno entiende la estructura de las enseñanzas en general, medita según las instrucciones recibidas y sigue el sentido común en vez de la “corrección política”, va por buen camino. Mientras menos energía y tiempo se les dedique a las situaciones difíciles, tanto mejor. Entonces ya no estamos distraídos por tanto tiempo de lo que es significativo, y el continuar se logra con mayor facilidad. A menos que uno esté bajo estrés emocional, seguir la idea de primer pensamiento, mejor pensamiento, en la mayoría de los casos brinda el mejor resultado. Si uno permanece en el flujo de la vida y observa la causa y el efecto, las capacidades que se desarrollan a partir de la experiencia propia sustituirán a los conceptos erróneos.

La tendencia a querer agregar algo al “yo” imaginario para alcanzar de ese modo una felicidad duradera, conduce al apego limitante, cuyo antídoto liberador es la generosidad. Estos campos de experiencia (los más importantes para los seres humanos) del apego, la codicia y la avaricia, permiten (ojalá siempre) buenas relaciones kármicas procedentes de vidas anteriores para que se puedan compartir con otros, los deseos interpersonales para alegría de ambos. También debe uno acostumbrarse a desearles a los demás lo que para uno mismo es difícil de alcanzar. Ellos son incontables y por lo tanto, más importantes que uno mismo. Igualmente es significativo estar conscientes de lo pasajero de toda atracción condicionada como el antídoto contra deseos insatisfechos. Sólo la iluminación es felicidad intemporal y definitiva, y realmente tiene muy poca importancia si uno es conducido a la tumba en un Mazda o en un Mercedes Benz.

La función protectora del “yo”, que se siente como aversión, ira y odio, es privada de su fuerza mediante el amor y la compasión. Cuando aparece la ira, uno debe hacerse consciente de ella rápidamente. Si existe el peligro de una erupción inmediata, se lucha mejor contra ella mientras está todavía iniciándose. En caso contrario, uno guarda distancia y evita la situación. Lo más inteligente es no actuar o hablar en un momento de ira. Es mejor comportarse como un perro grande que no necesita ladrar porque es suficientemente fuerte. Si se consideran con cuidado, los adversarios son más confusos que malvados y, además, tienen que aguantarse a sí mismos día y noche. Por encima de ese sufrimiento, propinarles un puntapié sería muy poco leal. Para el bien de todos uno debería, con entendimiento, encontrar la disposición para quitarle fuerza a la ira, aprender en el transcurso y después olvidar el asunto lo más pronto posible. Como puede resultar difícil, procuran algunos, en especial las mujeres, hablar para liberarse del sufrimiento. Uno no debe dejar que esto se le convierta en una costumbre, pues ésta conduce fácilmente a la soledad.

La idea de ser mejor que otros conduce al orgullo. Igualmente puede uno relajarse en este campo. Con seguridad en el mundo hay alguien más rápido, más fuerte, más inteligente o que da más atención en el amor. Por eso, el antídoto más apropiado aquí es recordar la naturaleza búdica de todos los seres. También es importante saber que el cielo y el infierno ocurren entre las orejas o las costillas de los seres, o donde se suponga que esté la mente. Si uno ve a los demás como excitantes e importantes, esto sólo produce alegría, mientras que si siempre saca a la luz sus defectos, se volverá mentalmente pobre. Siempre estará en mala compañía, y tanto uno mismo, como los demás, comprobarán una menor tendencia a desarrollar las propias habilidades. Simplemente, el ser humano determina mediante su propio punto de vista si el vaso está medio lleno o medio vacío.

La creencia de que uno mismo tiene más derecho al mundo que otros, conduce a la envidia o a los celos. La envidia es un enemigo especialmente tenaz; se puede alimentar de todo, pero también puede sobrevivir perfectamente sin alimento. Con frecuencia actúa en la mente en forma subliminal durante un lapso prolongado. Uno tiene entonces el tiempo suficiente para observarlo bien y entender cómo aparece y actúa. Por lo tanto, este sentimiento es un conejillo de indias de primera para el propio desarrollo espiritual, pues su influjo muestra claramente qué tanto se ha desprendido ya nuestra conciencia de las imágenes. Yo conozco aquí una sola cura, pero que da de inmediato un buen respiro: se desea para la persona a la que se envidia tanto de aquello que ocasiona la envidia, que haga saltar cualquier imaginación y alcance el nivel de los cuentos de hadas. O sea, autos tan grandes que sean difíciles de estacionar, la misión más emocionante en la vida, cientos de chicas hermosas o de jóvenes apuestos cada noche y la salud para poder disfrutar de todo esto. Si de hecho fueran sólo dos, uno puede fortalecer más los buenos deseos.

La corona de la transformación de las emociones perturbadoras es, en el tercer nivel del Camino del Diamante, el dejar entrar al ladrón a una casa vacía, donde no pueda encontrar nada. Uno maneja el sentimiento como una mala película en la televisión, a la que no se le sigue prestando atención. Así permanece uno con terquedad frente a lo que ya se propuso, y deja que el mal humor se marchite por falta de reconocimiento y energía.

Mientras se logra cada vez más éxito en esto con los años de práctica, con asombrosa alegría se le vuelve a uno evidente que las emociones perturbadoras no se disuelven simplemente en el océano de la mente, sino que emergen de nuevo en su forma intemporal, justamente como las cinco sabidurías liberadoras. Los estados difíciles proveen la base para esto, similar a las basuras que se transforman en abono. Donde estuvo antes la mayor perturbación, se desbordará hoy la mayor riqueza.

De esta forma aparece la comprensión cuando la ira que agotó sus fuerzas se disuelve de nuevo en la mente. Uno lo percibe todo de una manera tan clara como si se reflejara en un espejo, sin agregarle ni quitarle nada. El orgullo excluyente se transforma en la experiencia de la multiplicidad y de la riqueza de todas las cosas. El apego se vuelve sabiduría que discierne, la capacidad de entender los acontecimientos tanto individualmente como formando parte de una totalidad. La envidia y los celos, siempre ocupándose en secreto en adelantarse en el pensamiento o pegarse a lo pasado, se convierte en la cortante sabiduría de la experiencia, y hasta la confusión se disuelve en la sabiduría que todo lo penetra. Uno sabe debido a que no está separado de nada, debido a que el espacio y la energía están unidos a todos los tiempos y lugares. Donde al disolverse las emociones perturbadoras se sintió una autoliberación de la mente, y uno fue capaz de percibir su transcurso desde una distancia segura como libre juego, queda un mar de satisfacción. Los estados internos que por tanto tiempo parecieron grandes enemigos aparecen ahora como fuentes de poder. El trabajo con el polvo de carbón produce ahora hermosos diamantes.

Fragmentos de Las Cosas como son, Lama Ole Nydahl

“FELIZ NAVIDAD y PROSPERO 2011”

Si buscas a Dios,
así lo encontraras,en ti mismo.

-.

Si tienes odio…
olvídalo.
La Navidad es amor.

Si tienes tinieblas…
encuentra tu lámpara
La Navidad es luz.

En todos los momentos de tu vida

Haz esto y seras feliz.

Si tienes errores…
reflexiona.
La Navidad es Verdad.

Si tienes enemigos…
reconcíliate
La Navidad es paz.

Si tienes tristeza…
alégrate
La Navidad es goce.

Si tienes pecados…
conviértete.
La Navidad es gracia.

Si tienes amigos…
búscalos.
La Navidad es encuentro.

Si tienes felicidad…
compártela.
La Navidad es darse.

Si tienes deudas…
págalas.
La Navidad es justicia.

Si tienes soberbia…
sepúltala.
La Navidad es humildad.

Si tienes pobres a tu lado…
ayúdalos.

El amor que regalamos es el
único amor que conservamos.

El amor alivia.

Nada es tan duro y fiero que
no se pueda vencer con el
fuego del amor.

Mas allá de felicidad o infelicidad,
aunque sea las dos cosas, el amor es
intensidad; no nos regala
la eternidad sino la vivacidad,
ese minuto en el que se entreabren
las puertas del tiempo y del espacio:
aquí es allá y ahora es siempre.

HAS QUE LA NAVIDAD ESTE EN TI ,TODO EL AÑO,YA QUE LOS BUENOS DESEOS Y PENSAMIENTOS, SIEMPRE DEBEN DE ESTAR HAY PARA TODOS.
ARBOL DE NAVIDAD 4

MEDITACION GLOBAL

El grupo seres de luz de la pagina Ƹ̵̡ӝ̵̨̄ʒ.•• ,ॐ"Danzando en el Kosmos"(El viaje de la vida)ॐ۞, organiza una meditación global para que el año que viene todos los seres que habitan nuestro planeta disuelvan la oscuridad que nubla sus vidas. La meditación se hará con un mantra,en este caso repetiremos ,como mantra ,la palabra AMOR . Unamos todos nuestras almas ese dia para iluminar el mundo y convertirlo en un sitio mejor donde reine la paz y la armonía. Todo aquel que quiera contribuir en nuestro proyecto solo tendrá que meditar el día 30 diciembre, con un mantra de amor dirigido a todo el planeta. Para facilitar la meditación, será sin horarios que cada uno medite ese día a la hora que mejor le convenga. Que la paz y el amor se reparta en el mundo. Namaste!!.

 


El rostro.

El rostro humano es el portador y el punto de exposi­ción del misterio de la vida individual. Desde allí, el mundo privado, interior de la persona se proyecta al mundo anó­nimo. Es el lugar de encuentro de dos territorios ignotos: la infinitud del mundo exterior y el mundo interior inexplo­rado al que sólo tiene acceso el individuo. Éste es el mundo nocturno que yace detrás de la luminosidad de la faz. La sonrisa de un rostro es una sorpresa o una luz. Cuando aflora una sonrisa, es como si súbitamente se iluminara la noche interior del mundo oculto. Heidegger dijo en bellas frases que somos custodios de umbrales antiguos y profundos. En el rostro humano se ve el potencial y el milagro de posi­bilidades eternas.

La cara es el pináculo del cuerpo. Éste es antiguo como la arcilla del universo de la cual está hecho; los pies en el suelo son una conexión constante con la Tierra. A través de tus pies, tu arcilla privada está en contacto con la arcilla primigenia de la cual surgiste. Por consiguiente, tu rostro en la cima de tu cuerpo significa el ascenso de tu arcilla vital hada la intimidad y la posesión del yo. Es como si la arcilla de tu cuerpo se volviera íntima/personal a través de las ex­presiones siempre renovadas de tu cara. Bajo la bóveda del cráneo, la cara es el lugar donde la arcilla de la vida adquie­re verdadera presencia humana.

La cara y la segunda inocencia

Tu cara es el icono de tu vida. En el rostro humano, una vida contempla el mundo y a la vez se contempla. Es aterra­dor contemplar una cara donde se han asentado el resenti­miento y el rencor. Cuando una persona ha llevado una vida desolada, buena parte de su negatividad jamás desapa­rece. El rostro, lejos de ser una presencia cálida, se vuelve una máscara dura. Una de las palabras más antiguas para designar a la persona es la griega prosopon, que original­mente era la máscara de los actores en el coro. Cuando la transfiguración no alcanza al resentimiento, la ira o el ren­cor, el rostro se vuelve máscara. Sin embargo, también se conoce lo contrario, la hermosa presencia de un rostro vie­jo que a pesar de los surcos que dejan el tiempo y las viven­cias, conserva una bella inocencia. Aunque la vida haya dejado su huella cansina y dolorosa, esa persona no ha per­mitido que tocara su alma. Ese rostro proyecta al mundo una bella luminosidad, una irradiación que crea una sen­sación de santidad e integridad.

Tu cara siempre revela quién eres y lo que la vida te ha hecho. Pero es difícil para ti contemplar la forma de tu pro­pia vida, demasiado cercana a ti. Otros pueden desentra­ñar buena parte de tu misterio al ver tu cara. Los retratistas dicen que es muy difícil pintar el rostro humano. Se dice que los ojos son la ventana del alma. También es difícil aprehender la boca en el retrato individual. De alguna ma­nera misteriosa, la línea de la boca parece revelar el con­torno de una vida; labios apretados suelen reflejar mez­quindad de espíritu. Hay una extraña simetría en la forma como el alma escribe la historia de su vida en los rasgos de una cara.

(libro de la sabiduría celta)

Manifiesto Planetario Jefe Sealth (via Ratsemon’s Blog)

Manifiesto Planetario Jefe Sealth Ante todo agradecer al autor de este Power Point su gran aporte hacia todos nosotros     … Read More

via Ratsemon’s Blog

 

 

 

El amor es la naturaleza del alma.

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El alma necesita amor con tanta urgencia como el cuerpo necesita oxígeno. El alma alcanza su plenitud en la calidez del amor. Todas las posibilidades de tu destino humano duermen en tu alma. Existes para cumplir y honrar estas posibilidades. Cuando el amor entra en tu vida, las dimen­siones ignotas de tu destino despiertan, florecen y crecen. La posibilidad es el corazón secreto del tiempo. Sobre su superficie exterior, el tiempo es vulnerable a la transitoriedad. Cada día, triste o bello, se agota y se desvanece. En su corazón más profundo, el tiempo es transfiguración. Tiene en cuenta la posibilidad y se asegura de que nada se pier­da u olvide. Aquello que parece desvanecerse en su superfi­cie, en realidad se transfigura y aloja en el tabernáculo de la memoria. La posibilidad es el corazón secreto de la creati­vidad. Martín Heidegger habla de la «prioridad ontológica» de la posibilidad. En el nivel más profundo del ser, la posibilidad es la madre y a la vez el destino transfigurado de lo que llamamos hechos y sucesos. Este mundo callado y secreto de lo eterno es el alma. El amor es la naturaleza del alma. Cuando amamos y permitimos que se nos ame, ha­bitamos cada vez más el reino de lo eterno. El miedo se vuelve coraje, el vacío deviene plenitud y la distancia, inti­midad.

El amor es nuestra naturaleza más profunda; consciente o inconscientemente, todos buscamos el amor. Con fre­cuencia elegimos caminos falsos para satisfacer esta sed profunda. La concentración excesiva en nuestro trabajo, logros o búsqueda espiritual puede alejarnos de la presen­cia del amor. En la obra del alma, nuestras falsas urgencias pueden despistarnos por completo. Lejos de ir en busca del amor, sólo debemos quedamos quietos y esperar que el amor nos encuentre. Algunas de las palabras más bellas sobre el amor se encuentran en la Biblia. La epístola de san Pablo a los corintios es hermosísima: «El amor es sufrido, es benig­no; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor». Otro versículo de la Biblia dice: «El amor perfecto aleja el miedo».

(Texto del Libro “La sabiduría celta”)