Archive for 28 febrero 2011

Todos vamos cambiando de nivel, como en una escalera..

Imagina que estás frente a una gran escalera… Está junto a ti, esa persona que es importante para ti (novio/a, esposo/a, amigo/a, etcétera) y están fuertemente tomados de la mano…

Mientras estáis todos en el mismo nivel… todo está perfecto… es disfrutable. Pero de pronto… tú subes un escalón… pero esa persona no… esa persona prefiere mantenerse en el nivel inicial… Ok… no hay problema: es fácil, aun así, estar tomados de las manos…

Pero tú subes un escalón más… y esa persona se niega a hacerlo… Ya las manos han empezado a estirarse y ya no es tan cómodo como al principio… Subes un escalón mas… y ya el tirón es fuerte… ya no es disfrutable y empiezas a sentir que te frena en tu avance… pero tú quieres que esa persona suba contigo para no perderla…

Desafortunadamente para esa persona, no ha llegado el momento de subir de nivel… así que se mantiene en su posición inicial… Subes un escalón más… y ya ahí sí es muy difícil mantenerte unido… te duele… y mucho… luchas entre tu deseo de que esa persona suba… de no perderla… pero tú ya no puedes ni quieres bajar de nivel…

En un nuevo movimiento hacia arriba… viene lo inevitable… y se sueltan de las manos… puedes quedarte ahí y llorar y patalear tratando de convencerle de que te siga… que te acompañe… puedes incluso ir contra todo tu ser y tú mismo y bajar de nivel con tal de no perderle… pero después de esa ruptura en el lazo… ya nada es igual… Así que por más doloroso y difícil que sea, entiendes que no puedes hacer más… nada más que seguir avanzando… y esperar a que algún día… volváis a estar al mismo nivel.

Eso pasa cuando inicias tu camino de crecimiento interior… en ese proceso… en ese avance pierdes muchas cosas: pareja… amigos… trabajos… pertenencias… todo lo que ya no coincide con quien te estás convirtiendo ni puede estar en el nivel al que estás accediendo…

Puedes pelearte con la vida entera… pero el proceso así es. El crecimiento personal es eso: personal… individual… no en grupo… Puede ser que después de un tiempo, esa persona decida emprender su propio camino y te alcance o suba incluso mucho más que tú… pero es importante que estés consciente de que no se puede forzar nada en esta vida.

Llega un momento… en tu escalera hacia convertirte en una mejor persona… en el que puedes quedarte solo/a un tiempo… y duele… claro que duele… y mucho… pero luego, conforme vas avanzando… te vas encontrando en esos niveles, con personas mucho más afines a ti… personas que gracias a su propio proceso están en el mismo nivel que tú, y que si tú sigues avanzando… ellos también avanzan…

En esos niveles de avance ya no hay dolor… ni apego… ni sufrimiento… Hay Amor… Comprensión… Respeto absoluto…

Así es nuestra vida amigos/as: una infinita escalera…donde estarás con las personas que estén en el mismo nivel que tú… y si alguien cambia… la estructura se acomoda.

Me costó mucho soltarme… Aun después de una fuerte ruptura, seguía mirando para atrás… esperando un milagro… y el milagro apareció… pero no de la manera en la que yo hubiera supuesto… Apareció bajo otros nombres… otros cuerpos… otras actividades… Perdí a una amiga… y gané a 20 más… Perdí un mal trabajo y ahora tengo un excelente trabajo y con oportunidades de tener más de lo que soñé alguna vez… . Perdí a una pareja a la que creí amar… para darme cuenta de que ahora lo que tengo en este momento de mi vida… ni siquiera podía soñarlo hace unos cuantos meses…

Cada pérdida… cada cosa que sale… es porque así tiene que ser: déjalas ir… y prepárate para todo lo bueno que viene a tu vida… Tú sigue avanzando y confía… porque esta escalera es mágica y si no me crees… ¿por qué no lo compruebas por ti mism@?.

(  Desconozco el  autor )

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PIENSA Y ACTÚA CONSECUENTEMENTE

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Tú que reclamas lo que no recibes;
¿ya pensaste en lo que no das?
Tú que te lamentas porque sufres;
¿ya pensaste en cuanto haces sufrir?
Tú que acusas a la ignorancia;
¿ya evaluaste tus conocimientos?
Tú que condenas el error;
¿ya percibiste cuanto has errado?
Tú que te dices amigo sincero;
¿ya te analizaste con sinceridad?
Tú que te quejas de penurias,
¿ya viste cuanto posees más que los otros?
Tú que criticas el mundo;
¿ya hiciste algo para mejorarlo?
Tú que sueñas con el cielo,
¿que has hecho para extinguir el infierno?
Tu, que te dices modesto;
¿te sientes orgulloso de parecer humilde?
Tú que condenas el mal;
¿has procurado difundir el bien?
Tú que te afliges con la pobreza;
¿has usado bien tus riquezas?
Tu a quien le duelen las espinas,
¿has cultivado rosas?
Tú que tanto lamentas las tinieblas,
¿has esparcido luz?
Tú que te ocupas de ti mismo,
¿te has preocupado de los otros?
Tú que te sientes tan pequeñito;
¿has procurado crecer?
Tú que te quejas de soledad;
¿has brindado tu compañía a un amigo?
Tú que te indignas contra la enfermedad;
¿que has hecho por tu salud?
Tú que anhelas la concordia;
¿has combatido la discordia?
PIENSA Y ACTÚA CONSECUENTEMENTE

La importancia de decir TE AMO..

Diferencias Aparentes.

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Cuatro viajeros provenientes de distintos países

que seguían la misma ruta juntaron el poco dinero que tenían para comprar comida.

-El persa dijo: comparemos angur.
-El árabe contestó: no, yo quiero inab.
-El turco no estuvo de acuerdo y exclamó: de eso nada, yo comeré uzum.
-El griego protestó diciendo: lo que compraremos será stafil.

Como ninguno sabía lo que significaban las palabras de los demás, comenzaron a pelear entre sí.
Tenían información, pero carecían de conocimiento.

Pasó por allí un hombre que dijo:

-Yo puedo satisfacer el deseo de todos ustedes, denme su dinero.

Los viajeros accedieron a la solicitud del recién llegado. Al cabo de un rato, el hombre regresó con aquello que todos habían mencionado sin saber que se referían a lo mismo: uvas.

 Hay que saber escuchar y dar tiempo al espíritu para intentar entender lo que el otro nos está diciendo.

El dios de las almas rotas.

El dios de las almas rotas, un dios que vivía en los confines de la tierra, entre la línea que divide la luz de la oscuridad. Todas las almas rotas que de ambulaban por la tierra acudían en su búsqueda para que los ayudara. El dios de las almas rotas, era un ser muy bondadoso que ayudada a todas las almas rotas a encontrarse así mismo y las enseñaba a volar hacia el cielo. Las almas rotas son personas que por desamor al morir no pudieron volar, por que el dolor que sentían los apegaba a la tierra. El dios de las almas rotas las liberaba de su dolor para que fueran libres y volaran sin que nada las atara a la tierra. Un día se presento un alma rota, en el reino del dios de las almas rotas, el alma era la mas bella que el dios hubiera visto jamas, tenia la forma de un ángel con las alas rota, el dios se acerco a ella maravillado y dijo ¿que es lo que te apega aquí en la tierra? El alma miro al dios fijamente y contesto entristecida ¡tu eres quien me apega a la tierra!. el dios confuso pregunto ¿por que yo? ¡No te conozco de nada! ¿No se quien eres?..el alma volvió a mirar al dios fijamente y dijo fijate bien, ¡mirame a los ojos! ¿ no me reconoces?. El dios la miro atentamente y una lagrima se desprendió de sus ojos, ¡no puede ser! grito el dios,su voz se volvió un llanto roto en cuestión de segundos. El alma abrazo al dios con ternura, seco sus lagrimas y dijo llevas tanto tiempo ayudando a otras almas a volar que te despreocupaste de la tuya. Autor: Alvaro Gutiérrez castillo.

La sabiduría del no saber..

cuentos_sufies

Esta historia comienza cuando Nasrudin llega a un pequeño pueblo en algún lugar lejano de Medio Oriente.

Era la primera vez que estaba en ese pueblo y una multitud se había reunido en un auditorio para escucharlo. Nasrudin, que en verdad no sabia que decir, porque él sabía que nada sabía, se propuso improvisar algo y así intentar salir del atolladero en el que se encontraba.

Entró muy seguro y se paró frente a la gente. Abrió las manos y dijo:

-Supongo que si ustedes están aquí, ya sabrán que es lo que yo tengo para decirles.

La gente dijo:

-No… ¿Qué es lo que tienes para decirnos? No lo sabemos ¡Háblanos! ¡Queremos escucharte!

Nasrudin contestó:

-Si ustedes vinieron hasta aquí sin saber que es lo que yo vengo a decirles, entonces no están preparados para escucharlo.

Dicho esto, se levantó y se fue.

La gente se quedó sorprendida. Todos habían venido esa mañana para escucharlo y el hombre se iba simplemente diciéndoles eso. Habría sido un fracaso total si no fuera porque uno de los presentes -nunca falta uno- mientras Nasrudin se alejaba, dijo en voz alta:

-¡Qué inteligente!

Y como siempre sucede, cuando uno no entiende nada y otro dice “¡qué inteligente!”, para no sentirse un idiota uno repite:. Y entonces, todos empezaron a repetir: “¡si, claro, qué inteligente!”

-Qué inteligente.
-Qué inteligente.

Hasta que uno añadió:

-Si, qué inteligente, pero… qué breve.

Y otro agrego:

-Tiene la brevedad y la síntesis de los sabios. Porque tiene razón. ¿Cómo nosotros vamos a venir acá sin siquiera saber qué venimos a escuchar? Qué estúpidos que hemos sido. Hemos perdido una oportunidad maravillosa. Qué iluminación, qué sabiduría. Vamos a pedirle a este hombre que dé una segunda conferencia.

Entonces fueron a ver a Nasrudin. La gente había quedado tan asombrada con lo que había pasado en la primera reunión, que algunos habían empezado a decir que el conocimiento de Él era demasiado para reunirlo en una sola conferencia.

Nasrudin dijo:

-No, es justo al revés, están equivocados. Mi conocimiento apenas alcanza para una conferencia. Jamás podría dar dos.

La gente dijo:

-¡Qué humilde!

Y cuanto más Nasrudin insistía en que no tenia nada para decir, con mayor razón la gente insistía en que querían escucharlo una vez más. Finalmente, después de mucho empeño, Nasrudin accedió a dar una segunda conferencia.

Al día siguiente, el supuesto iluminado regresó al lugar de reunión, donde había más gente aún, pues todos sabían del éxito de la conferencia anterior. Nasrudin se paró frente al público e insistió con su técnica:

-Supongo que ustedes ya sabrán que he venido a decirles.

La gente estaba avisada para cuidarse de no ofender al maestro con la infantil respuesta de la anterior conferencia; así que todos dijeron:

-Si, claro, por supuesto lo sabemos. Por eso hemos venido.

Nasrudin bajó la cabeza y entonces añadió:

-Bueno, si todos ya saben qué es lo que vengo a decirles, yo no veo la necesidad de repetir.

Se levantó y se volvió a ir.

La gente se quedó estupefacta; porque aunque ahora habían dicho otra cosa, el resultado había sido exactamente el mismo. Hasta que alguien, otro alguien, gritó:

-¡Brillante!

Y cuando todos oyeron que alguien había dicho “¡brillante!”, el resto comenzó a decir:

-¡Si, claro, este es el complemento de la sabiduría de la conferencia de ayer!

-Qué maravilloso
-Qué espectacular
-Qué sensacional, qué bárbaro

Hasta que alguien dijo:

-Si, pero… mucha brevedad.
-Es cierto- se quejó otro
-Capacidad de síntesis- justificó un tercero.

Y en seguida se oyó:

-Queremos más, queremos escucharlo más. ¡Queremos que este hombre nos de más de su sabiduría!

Entonces, una delegación de los notables fue a ver a Nasrudin para pedirle que diera una tercera y definitiva conferencia. Nasrudin dijo que no, que de ninguna manera; que él no tenia conocimientos para dar tres conferencias y que, además, ya tenia que regresar a su ciudad de origen.

La gente le imploró, le suplicó, le pidió una y otra vez; por sus ancestros, por su progenie, por todos los santos, por lo que fuera. Aquella persistencia lo persuadió y, finalmente, Nasrudin aceptó temblando dar la tercera y definitiva conferencia.

Por tercera vez se paró frente al publico, que ya eran multitudes, y les dijo:

-Supongo que ustedes ya sabrán de qué les voy a hablar.

Esta vez, la gente se había puesto de acuerdo: sólo el intendente del poblado contestaría. El hombre de primera fila dijo:

-Algunos si y otros no.

En ese momento, un largo silencio estremeció al auditorio. Todos, incluso los jóvenes, siguieron a Nasrudin con la mirada.

Entonces el maestro respondió:

-En ese caso, los que saben… cuéntenles a los que no saben. Se levantó y se fue.

( Cuento Sufí )

El ángel de la muerte

angel de la muerte y vida

Esta narración comienza en una taberna de Bagdad, donde un discípulo de un maestro sufí se encuentra con el ángel de la muerte, que estaba visitando a quienes tenía destinado llevarse con él.

Temiendo ser uno de la lista, el joven decidió abandonar Bagdad e iniciar una larga travesía tratando de alejarse lo suficiente como para evitar encontrarse con él, antes de que venciera el plazo de su permanencia en la tierra.

Cabalgó muchas días, y al llegar a Samarkanda buscó una cueva para ocultarse y permanecer las tres semanas que necesitaba para eludir el fatal encuentro.

En su precario escondite se vio obligado a padecer frío, hambre y sed, avatares que soportó con estoicismo para lograr su objetivo de huir de la muerte.

Una vez pasadas dos semanas, decidió abandonar ese refugio para estar bien seguro de evitar el encuentro, y buscar otro en algún lugar aún más inaccesible que desalentara cualquier intento de persecución.

Durante tres largos días recorrió extensos valles, atravesó ríos e intrincadas selvas y escaló escarpadas montañas hasta que finalmente, en un lugar remoto, casi en la cima de una montaña y al borde de un precipicio, encontró una hendidura disimulada en la piedra que consideró el escondite ideal.

Se acomodó como pudo en el pequeño agujero, contento de haberle casi ganado la batalla al ángel de la muerte, cuando sólo faltaban escasas horas para que se cumpliera el plazo de su permanencia en la tierra.

Ningún ser humano había incursionado alguna vez por esos lugares tan inhóspitos, ni escalado hasta tan elevadas alturas, pero sentía que había valido la pena, porque estaba casi seguro de haber conseguido burlar al destino.

Cansado de su larga travesía y mientras aguardaba que pasaran los minutos, no pudo resistir el sueño y se quedó dormido profundamente.

Pero el peso de su cuerpo, casi al borde del precipicio, fue produciendo lentamente una profunda grieta en la húmeda tierra sobre la que reposaba y al poco tiempo, no pudo evitar desbarrancarse desde semejante altura hasta caer pesadamente al borde de un arroyo, mil metros más abajo, justo a los pies del ángel de la muerte que parecía haberlo estado esperando.

Habían sido inútiles todos sus esfuerzos y privaciones para eludir su destino, porque la muerte parecía haber contado con todos los recursos para hacer prevalecer sus deseos.

Este cuento sufí nos muestra la inutilidad de los esfuerzos para desviar el curso del destino, que si bien no está escrito, cada uno de nosotros lo va cumpliendo con aciertos y errores, con inteligencia e ignorancia, y con virtudes y debilidades; y que una vez que llega el desenlace final, ya no podrá ser admitida ninguna enmienda; y fatalmente, cualquier cosa que se haga para engañar al destino sólo servirá para provocar su cumplimiento.

Cada una de nuestras acciones que nosotros calificamos como buenas o malas produce inevitablemente una huella en nuestra existencia, una reacción de todas nuestras acciones, que resultan imposibles de borrar ni revertir; y que se sumará o restará al balance total y producirá un resultado final, que será nuestro destino fijado.

Porque somos nosotros los dueños de nuestro destino, que vamos eligiendo paso a paso, y sólo depende de nosotros el camino que seguimos.

( Cuento sufí )