Buddha

La tendencia natural del corazón es amar y cuidar a los otros. No obstante, desde temprana edad aprendemos a protegernos de aquello que no nos gusta o nos causa sensaciones incómodas o desagradables. Por ello creamos barreras que con el tiempo tienen el efecto de aislarnos, no solo de los otros, sino de nosotros mismos. Irónicamente, al buscar la comodidad y la felicidad, creamos aislamiento, falta de conexión e incluso infelicidad a nosotros mismos –y a otros.
La práctica meditativa, nos permite despertar la capacidad de recibir y dar. Nos permite reconocer la incomodidad, las sensaciones desagradables y las ganas de huir de las situaciones en las que nos encontramos.  Nos lleva a reconocer todo ello y a aceptarlo con el corazón abierto. En lugar de engolosinarnos con ‘nuestros’ problemas, una aprende a mirar al otro, a sentir con el otro y a compartir su humanidad. Al hacerlo, las barreras y los bloqueos empiezan a disolverse y el corazón se abre para ofrecer una respuesta que es a la vez amorosa y compasiva.

( Tonglen )

 

Anuncios