"Dejo su hogar para dar comienzo a un prolongado viaje en busca de la serenidad. Así recorrió pueblos y ciudades; atravesó bosques y desiertos; visitó comunidades espirituales y monasterios; caminó junto a peregrinos y
permaneció junto a ascetas en sus ermitas. Buscaba sin tregua, dejando atrás la familia, el trabajo, los amigos rutina cotidiana. Buscaba un maestro que pudiera impartirle una enseñanza para hallar la tan ansiada paz interior.
Por fin tuvo noticia de un sabio mentor espiritual y se dirigió hacia donde moraba.
Cuando se presentó ante el maestro, le dijo:
– Venerable mentor, he viajado incesantemente en busca de claves para hallar la serenidad interior. He dejado mi trabajo, mi familia, mis amigos…
Llevo meses y meses viajando por muchos países.
-¿Para qué tanto esfuerzo inútil? -le preguntó el maestro. ¡Qué gasto de tiempo y energía!
El buscador se quedó perplejo y desencantado.
– Pero, señor… -acertó a balbucear.
El maestro declaró:
-¿Tan ofuscada está tu mente que dejas un tesoro fabuloso y te vas a dar vueltas de aquí para allá? .Nada puedo entregarte ni enseñarte que no puedas obtener en tu vida cotidiana. No tienes que dejar tu hogar, ni tus amigos, ni tu trabajo, ni tu vida habitual. Lo que tienes que dejar, y de una vez, es tu sentido de posesión, tu apego, tu visión incorrecta y tus engaños mentales.
Eso puedes hacerlo estando en tu casa, sin necesidad de abandonarlo todo, cuando lo que debes abandonar son los oscurecimientos de la mente.
Deja de dar vueltas , regresa a tu casa y emprende allí el
trabajo interior que te conducirá hacia la paz que anhelas.

( Ramiro A. El libro de la serenidad )

 

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