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Tengo mucha prisa porque quiero ver la muerte –dijo Sócrates- Quiero ver cómo es la muerte. Y también quiero ver, aun cuando se haya producido la muerte, si yo sobrevivo o no. Si no sobrevivo, se acabó toda la cuestión; y si sobrevivo, entonces se acabó la muerte.
Entregaron a Sócrates el veneno.
-El veneno me ha llegado a las rodillas. Tengo las piernas completamente muertas hasta las rodillas: si me las cortasen, no me enteraría. Pero, amigos míos, os diré que aunque tengo muertas las piernas sigo vivo. Esto significa que una cosa es segura: yo no era mis piernas. Sigo aquí; estoy aquí completamente.
También se me están insensibilizando las manos; mis manos también morirán. ¡Cuantas veces me he identificado con estas manos, con estas mismas manos que ahora me están dejando! Pero yo sigo aquí.
Y Sócrates sigue hablando así mientras muere.
-Lentamente, todo se pacifica – dice – todo se hunde, pero yo sigo intacto. Dentro de un rato quizás no sea capaz de seguir informándoos, pero no creáis por eso que ya no estoy. Pues si yo estoy aquí después de perder tanto de mi cuerpo, ¿cómo podría llegarme el fin por perder un poco más del cuerpo? Quizás no sea capaz de informaros (pues eso sólo es posible a través del cuerpo), pero yo permaneceré.
En el último momento, dice:
-Ahora, quizás os digo lo último: me falla la lengua. No podré deciros una sola palabra más, pero todavía os digo que existo.
Hasta el último momento de la muerte siguió diciendo: “Sigo vivo”

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