Archive for 17 febrero 2015

Tres Tipos De Plenitudes.

 

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1. La plenitud del vaso, que retiene y no da; Son personas que se dedican a almacenar titulos y virtudes intelentuales de todo tipo,sin una sabiduria interior propia. Son servidores de su egoísmo.
2. La del canal, que da y no retiene;Son personas que se desgasta en palabras, que se pasa la vida haciendo y haciendo cosas.  Padecen la neurosis de la acción, , creen estar sirviendo a los demás, pero su servicio es, a veces, un modo de calmar sus picores de alma. Dan y no retienen. Y después de dar, se sienten vacíos.
3. La de la fuente, que crea, retiene y da; Son personas que dan de lo que han hecho sustancia de su alma, que reparten como las llamas, encendiendo la del vecino sin disminuir la propia, porque recrean todo lo que viven y reparten todo cuanto han recreado. Dan sin vaciarse, riegan sin decrecer, ofrecen su agua sin quedarse secos.

Naturaleza..!!

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Un chiquillo, reiteradamente decepcionado y traicionado por alguien que él creía amigo, se lo contó a su padre preguntándole por qué pasan estas cosas. El padre le respondió contándole esta historia:
Un día un escorpión llegó a la orilla de un río y, teniendo que pasar al otro lado, empezó a buscar un medio que le llevase sin riesgo de ahogarse. De repente, viendo a una rana que estaba tomando el sol, una idea hizo mella en su mente. Decidió formularle su propósito preguntándole:

– Oye rana, ¿ podrías llevarme a la otra orilla nadando conmigo en la espalda ?
La rana le contestó:
– ¿ De verdad me crees tan idiota ? Sé muy bien que una vez subido en mi espalda me clavarás tu aguijón matándome.
– No seas tonta -replicó el escorpión- ¿ cómo podría hacerte eso ? ¿Acaso no sabes que nosotros no sabemos nadar y que si yo te matase moriría contigo ?

La rana, reasegurada por este razonamiento lógico pensó: ” Es verdad. Si me matara, él también se moriría y no creo que esa idea le guste.

– De acuerdo, sube. Te llevaré -dijo el batracio.

El escorpión se acomodó en la espalda de la rana y ésta empezó a cruzar el río. Una vez llegados a la mitad del torrente, en el punto más profundo, el escorpión levantó su pincho y, de un rápido golpe, lo clavó en la cabeza de la rana. Esta, agonizando atónita, apostrofó:

– ¿ Qué has hecho, imbécil ? ¡ Ahora te vas a morir tú también, cretino !
– Lo sé – contesto el alacrán – pero soy un escorpión y esta es mi naturaleza.