La sal de la vida. !!

 

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El anciano maestro hindú estaba ya cansado de escuchar las constantes quejas de su aprendiz, así que pensó que debía enseñarle algo que le hiciera recapacitar. Una mañana le pidió que le trajera sal y cuando regresó, el maestro le dijo que echara un puñado en un vaso de agua y que, a continuación se la bebiera.
—¿Cómo sabe ahora el agua?—, preguntó el sabio anciano.
— Muy salada — respondió el discípulo poniendo cara de asco.
Aguantándose la risa el maestro le indicó que repitiera la acción, pero en lugar de tirar la sal en un vaso lo hiciera en un lago. Caminaron sin prisas hacia un gran lago situado en medio de un vergel a las afueras de su aldea y cuando el discípulo cumplió la orden el venerable maestro le pidió que bebiese.
— ¿A qué te sabe ahora? — le preguntó.
Y el aprendiz le respondió:
— Esta agua está fresquísima. No sabe nada a sal, es una delicia para el paladar.
Entonces el maestro cogiéndole las manos a su discípulo, le dijo:
— El dolor de la vida es pura sal. Siempre hay la misma cantidad, sin embargo su sabor depende del recipiente que contiene la pena. Por eso, cuando te aflijan las adversidades de la vida, agranda el sentido de las cosas. Deja de ser un vaso y conviértete en un lago.

Historia del Miau..!!. Para Reflexionar.

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Un samurai pescaba apaciblemente a la orilla de un río. Pescó un pez y se disponía a cocinarlo cuando un gato, oculto bajo una mata, dio un salto y le robó su presa. Al darse cuenta, el samurai se enfureció, sacó su sable y mató al gato. Este guerrero era un budista ferviente y el remordimiento de haber matado a un ser vivo no le dejaba luego vivir en paz.

Al entrar en su casa, el susurro del viento en los árboles murmuraba miau. Las personas con las que se cruzaba parecían decirle miau. La mirada de los niños reflejaba maullidos. Cuando se acercaba, sus amigos maullaban sin cesar. Todos los lugares y las circunstancias proferían miaus lacerantes. De noche no soñaba más que miaus. De día, cada sonido, pensamiento o acto de su vida se transformaba en un miau. Él mismo se había convertido en un maullido.

Su estado no hacía más que empeorar. La obsesión le perseguía, le torturaba sin tregua ni descanso. No pudiendo acabar con los maullidos, fue al templo a pedir consejo a un viejo maestro zen.

– Por favor, te lo suplico, ayúdame, libérame.

El maestro le respondió:

– Eres un guerrero, ¿cómo has podido caer tan bajo? Si no puedes vencer por ti mismo los miaus, mereces la muerte. No tienes otra solución que hacerte el harakiri. Aquí y ahora.

Y añadió:

– Sin embargo, soy monje y tengo piedad de ti. Cuando comiences a abrirte el vientre, te cortaré la cabeza con mi sable para abreviar tus sufrimientos.

El samurai accedió y, a pesar de su miedo a la muerte, se preparó para la ceremonia. Cuando todo estuvo dispuesto, se sentó sobre sus rodillas, tomó su puñal con ambas manos y lo orientó hacia el vientre. Detrás de él, de pie, el maestro blandía su sable.

– Ha llegado el momento – le dijo -, empieza.
Lentamente, el samurai apoyó la punta del cuchillo sobre su abdomen. Entonces el maestro le preguntó:

– ¿Oyes ahora los maullidos?

– Oh, no. ¡Ahora no!

– Entonces, si han desaparecido, no es necesario que mueras. Veo que has comprendido que los problemas que nos preocupan no tienen la importancia que les otorgamos, son como ese miau que te acompañaba.

Todo lo que existe es Dios.

 

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El gurú y el discípulo estaban departiendo sobre cuestiones místicas.

El maestro concluyó con la entrevista diciéndole:

–Todo lo que existe es Dios.

El discípulo no entendió la verdadera naturaleza de las palabras de su mentor. Salió de la casa y comenzó a caminar por una callejuela. De súbito, vio frente a él un elefante que venía en dirección contraria, ocupando toda la calle. El jovencito que conducía al animal, gritó avisando:

–¡Eh, oiga, apártese, déjenos pasar!

Pero el discípulo, inmutable, se dijo: “Yo soy Dios y el elefante es Dios, así que ¿cómo puede tener miedo Dios de sí mismo? Razonando de este modo evitó apartarse. El elefante llegó hasta él, lo agarró con la trompa y lo lanzó al tejado de una casa, rompiéndole varios huesos. Semanas después, repuesto de sus heridas, el discípulo acudió al mentor y se lamentó de lo sucedido. El gurú replicó:

–De acuerdo, tú eres Dios y el elefante es Dios. Pero Dios, en la forma del muchacho que conducía el elefante, te avisó para que dejaras el paso libre. ¿Por qué no hiciste caso de la advertencia de Dios?

*El Maestro dice: Afila el discernimiento. No tomes la soga por una serpiente, ni la serpiente por una soga.

Confía y Fluye.

 

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"Cuando el océano te llama , confía en el, da un salto y desaparece. La persona de fe sabe soltar, sabe rendirse, sabe fluir con el rio en lugar de empujarlo. Va con la corriente donde le lleve. La persona sin fe es temerosa y débil por ello temen rendirse y se creen fuertes ,no pueden soltar ni fluir. Su fuerza es su debilidad. La persona de fe, se entrega a su ser, en su entrega es fuerte, sabe soltar y fluir".

Meditación.!!

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"La meditación es el encuentro o conexión con el verdadero ser. Cuando meditamos imaginando paisajes relajantes o centrándonos en meditaciones guiadas  ,no estamos meditando para conectar y profundizar en lo real, viajamos en la mente a lo imaginario , alejándonos del aquí y ahora y del Ser. La meditación es vacío, ir mas allá de lo ya conocido, de las formas y de la mente. Meditar centrando la atención en el entrecejo ( Tercer Ojo) nos lleva al vacío y a profundizar en la conciencia".

El `pais de la risa.

 

El maestro estaba de un talante comunicativo, y por eso sus discípulos trataron de que les hiciera saber las fases por las que había pasado en su búsqueda de la divinidad. Primero, les dijo:
– "Dios me condujo de la mano al País de la Acción, donde permanecí una serie de años. Luego volvió y me condujo al País de la Aflicción, y allí viví hasta que mi corazón quedó purificado de toda afección desordenada. Entonces fue cuando me vi en el País del Amor, cuyas ardientes llamas consumieron cuanto quedaba en mi de egoísmo. Tras de lo cual, accedí al País del Silencio, donde se desvelaron ante mis asombrados ojos los misterios de la vida y de la muerte".
– ¿Y fue ésta la fase final de tu búsqueda? le preguntaron.
– No respondió, el Maestro…Un día dijo Dios:
– "Hoy voy a llevarte al santuario más escondido del Templo, al corazón del propio Dios… Y fui conducido al País de la Risa."

La mirada del amor.

 

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El rey estaba enamorado de Sabrina una mujer de baja condición a la que el rey había hecho su última esposa.
Una tarde, mientras el rey estaba de cacería, llegó un mensajero para avisar que la madre de Sabrina estaba enferma. Pese a que existía la prohibición de usar el carruaje personal del rey (falta que era pagada con la cabeza), Sabrina subió al carruaje y corrió junto a su madre.
A su regreso, el rey fue informado de la situación. – ¿ No es maravillosa ? – dijo – Esto es verdaderamente amor. No le importó su vida para cuidar a su madre. Es maravillosa..
Cierto día, mientras Sabrina estaba sentada en el jardín del palacio comiendo fruta, llegó el rey. La princesa  lo saludó y luego le dio un mordisco al último durazno que quedaba en la canasta.
– ¡Parecen ricos! – dijo el rey.
– Lo son – dijo ella y alargando la mano le cedió a su amado el último durazno.
– ¡ Cuánto me ama ! – comentó después el rey – Renunció a su propio placer, para darme el último durazno de la canasta. ¿no es fantástica?
Pasaron algunos años y vaya a saber por qué, el amor y la pasión desaparecieron del corazón del rey. Sentado con su amigo más confidente, le decía:
– Nunca se portó como una reina…¿acaso no desafió mi investidura usando mi carruaje? Es más, recuerdo que un día me dio a comer una fruta mordida..
(Jorge bucay)

Moraleja : Si tu percepción  se ajusta a medida con la realidad que mas te conviene, desconfía de tu percepción, ya que no es real.

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