CUENTO ZEN.

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Cuento Zen para Reflexionar.!!
– Maestro, ayer en el autobús venía una mujer bailando y contorsionándose en su asiento al compás de la música. Parecía una loca y todos la mirábamos sin decir nada. ¿Es que se puede no tener vergüenza?
– Hijo, tu deberías tener vergüenza de tu observación y pregunta. Por lo que
me dices, esa mujer era el único ser feliz en ese ómnibus; todos los demás eran palos secos preocupados de sus pequeñas cosas y del qué dirán los demás.
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Los números de 2015

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2015 de este blog.

Aquí hay un extracto:

El Museo del Louvre tiene 8.5 millones de visitantes por año. Este blog fue visto cerca de 160.000 veces en 2015. Si fuese una exposición en el Museo del Louvre, se precisarían alrededor de 7 días para que toda esa gente la visitase.

Haz click para ver el reporte completo.

“Examen de filosofía”

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Un profesor de filosofía entra en clase para hacer el examen final a sus alumnos. Poniendo la silla encima de la mesa dice a la clase:
– Usando cualquier conocimiento aplicable que hayan aprendido durante este curso, demuéstrenme que esta silla no existe.
Todos los alumnos se ponen a la tarea, utilizando sus lápices y gomas de borrar, aventurándose en argumentos para probar que la silla no existe. Pero un alumno, después de escribir rápidamente su respuesta, entrega su examen ante el asombro de sus compañeros…
Cuando pasan unos días y entregan las notas finales, ante la estupefacción de todos, el alumno que entregó su examen en 30 segundos obtiene la mejor calificación. Su respuesta fue:
– "¿Qué silla?"

La ciudad de los pozos . ( Cuento Sabio )

 

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Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas las demás ciudades del planeta. Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos vivientes… pero pozos al fin.
Los pozos se diferenciaban entre si, no solo por el lugar en que estaban
excavados sino también por el brocal (la abertura que los conectaba con el exterior).
Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol y metales
preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros mas pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra. La comunicación entre los habitantes de la ciudad era brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del poblado.
Un dia llego a la ciudad una "moda" que seguramente había nacido en algún pueblito humano. La nueva idea señalaba que todo ser viviente que se precie debería cuidar mucho mas lo interior que lo exterior. Lo importante no es lo superficial sino el contenido.
Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas. Algunos se llenaron de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros mas prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos mas, optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y sofisticadas esculturas post-modernas. Finalmente los intelectuales se llenaron de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.
Paso el tiempo. La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no
pudieron incorporar nada mas. Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien algunos se conformaron, hubo algunos que pensaron que debían hacer algo para seguir metiendo cosas en su interior.
Uno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose.
No paso mucho tiempo antes de que la idea fuera imitada. Todos los pozos gastaban gran parte de sus energías en ensancharse para poder hacer mas espacio en su interior. Un pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas ensanchándose desmedidamente. El pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad.
Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo profundo. Hacerse mas hondo en lugar de mas ancho. Pronto se dio cuenta que todo lo que tenia dentro de el le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser mas profundo debía vaciarse de todo contenido.
Al principio tuvo miedo al vació, pero luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo.
Vació de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo, mientras los
demás se apoderaban de las cosas de las que el se había desecho.
Un dia, repentinamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa: Adentro, muy adentro, y muy en le fondo encontró agua!!!.
Nunca antes otro pozo había encontrado agua.
El pozo supero la sorpresa y empezó a jugar con el agua del fondo,
humedeciendo las paredes las paredes, salpicando los bordes y por ultimo sacando agua hacia afuera.
La ciudad nunca había sido regada mas que por lluvia, que de hecho era
bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo, revitalizada por el
agua, empezó a despertar.
Las semillas de sus entrañas, brotaron en pasto, en tréboles, en flores y
en tronquitos endebles que se volvieron árboles después.
La vida exploto en colores alrededor del alejado pozo al que empezaron a llamar "El Vergel".
Todos se preguntaban como había conseguido el milagro.
– Ningún milagro – contestaba el Vergel – hay que buscar en el interior,
hacia lo profundo.
Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desanidaron la idea
cuando se dieron cuenta que para ir mas profundo debían vaciarse.
Siguieron ensanchándose cada vez mas para llenarse de mas y mas cosas.
En la otra punta de la ciudad otro pozo, decidió correr también el riesgo
al vació.
Y también empezó a profundizar.
Y también llego al agua.
Y también salpico hacia fuera creando un segundo oasis verde en el pueblo.
– Que harás cuando se termine el agua? – le preguntaban.
– No se lo que pasara – contestaba – Pero, por ahora, cuanto mas agua
saco, mas agua hay.
Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.
Un dia, casi por casualidad los dos pozos se dieron cuenta de que el agua
que habían encontrado en el fondo de si mismos era la misma.
Que el mismo rió subterráneo que pasaba por uno inundaba la profundidad del otro.
Se dieron cuenta de que se abría para ellos una nueva vida.
No solo podían comunicarse, de brocal a brocal, superficialmente, como
todos los demás, sino que la búsqueda les había deparado un nuevo y secreto punto de contacto y comunicación mas profunda.

Autor: Jorge Bucay.

 

La sal de la vida. !!

 

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El anciano maestro hindú estaba ya cansado de escuchar las constantes quejas de su aprendiz, así que pensó que debía enseñarle algo que le hiciera recapacitar. Una mañana le pidió que le trajera sal y cuando regresó, el maestro le dijo que echara un puñado en un vaso de agua y que, a continuación se la bebiera.
—¿Cómo sabe ahora el agua?—, preguntó el sabio anciano.
— Muy salada — respondió el discípulo poniendo cara de asco.
Aguantándose la risa el maestro le indicó que repitiera la acción, pero en lugar de tirar la sal en un vaso lo hiciera en un lago. Caminaron sin prisas hacia un gran lago situado en medio de un vergel a las afueras de su aldea y cuando el discípulo cumplió la orden el venerable maestro le pidió que bebiese.
— ¿A qué te sabe ahora? — le preguntó.
Y el aprendiz le respondió:
— Esta agua está fresquísima. No sabe nada a sal, es una delicia para el paladar.
Entonces el maestro cogiéndole las manos a su discípulo, le dijo:
— El dolor de la vida es pura sal. Siempre hay la misma cantidad, sin embargo su sabor depende del recipiente que contiene la pena. Por eso, cuando te aflijan las adversidades de la vida, agranda el sentido de las cosas. Deja de ser un vaso y conviértete en un lago.

Historia del Miau..!!. Para Reflexionar.

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Un samurai pescaba apaciblemente a la orilla de un río. Pescó un pez y se disponía a cocinarlo cuando un gato, oculto bajo una mata, dio un salto y le robó su presa. Al darse cuenta, el samurai se enfureció, sacó su sable y mató al gato. Este guerrero era un budista ferviente y el remordimiento de haber matado a un ser vivo no le dejaba luego vivir en paz.

Al entrar en su casa, el susurro del viento en los árboles murmuraba miau. Las personas con las que se cruzaba parecían decirle miau. La mirada de los niños reflejaba maullidos. Cuando se acercaba, sus amigos maullaban sin cesar. Todos los lugares y las circunstancias proferían miaus lacerantes. De noche no soñaba más que miaus. De día, cada sonido, pensamiento o acto de su vida se transformaba en un miau. Él mismo se había convertido en un maullido.

Su estado no hacía más que empeorar. La obsesión le perseguía, le torturaba sin tregua ni descanso. No pudiendo acabar con los maullidos, fue al templo a pedir consejo a un viejo maestro zen.

– Por favor, te lo suplico, ayúdame, libérame.

El maestro le respondió:

– Eres un guerrero, ¿cómo has podido caer tan bajo? Si no puedes vencer por ti mismo los miaus, mereces la muerte. No tienes otra solución que hacerte el harakiri. Aquí y ahora.

Y añadió:

– Sin embargo, soy monje y tengo piedad de ti. Cuando comiences a abrirte el vientre, te cortaré la cabeza con mi sable para abreviar tus sufrimientos.

El samurai accedió y, a pesar de su miedo a la muerte, se preparó para la ceremonia. Cuando todo estuvo dispuesto, se sentó sobre sus rodillas, tomó su puñal con ambas manos y lo orientó hacia el vientre. Detrás de él, de pie, el maestro blandía su sable.

– Ha llegado el momento – le dijo -, empieza.
Lentamente, el samurai apoyó la punta del cuchillo sobre su abdomen. Entonces el maestro le preguntó:

– ¿Oyes ahora los maullidos?

– Oh, no. ¡Ahora no!

– Entonces, si han desaparecido, no es necesario que mueras. Veo que has comprendido que los problemas que nos preocupan no tienen la importancia que les otorgamos, son como ese miau que te acompañaba.

Todo lo que existe es Dios.

 

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El gurú y el discípulo estaban departiendo sobre cuestiones místicas.

El maestro concluyó con la entrevista diciéndole:

–Todo lo que existe es Dios.

El discípulo no entendió la verdadera naturaleza de las palabras de su mentor. Salió de la casa y comenzó a caminar por una callejuela. De súbito, vio frente a él un elefante que venía en dirección contraria, ocupando toda la calle. El jovencito que conducía al animal, gritó avisando:

–¡Eh, oiga, apártese, déjenos pasar!

Pero el discípulo, inmutable, se dijo: “Yo soy Dios y el elefante es Dios, así que ¿cómo puede tener miedo Dios de sí mismo? Razonando de este modo evitó apartarse. El elefante llegó hasta él, lo agarró con la trompa y lo lanzó al tejado de una casa, rompiéndole varios huesos. Semanas después, repuesto de sus heridas, el discípulo acudió al mentor y se lamentó de lo sucedido. El gurú replicó:

–De acuerdo, tú eres Dios y el elefante es Dios. Pero Dios, en la forma del muchacho que conducía el elefante, te avisó para que dejaras el paso libre. ¿Por qué no hiciste caso de la advertencia de Dios?

*El Maestro dice: Afila el discernimiento. No tomes la soga por una serpiente, ni la serpiente por una soga.

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